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18 febrero, 2020

Ser viejo sigue sin estar de moda

En Berlín circulan casi más andadores que bicicletas. Sí, esta ciudad tiene una enorme población de ancianos. Son el legado viviente de un pasado horrible y traumático, que todavía pesa confuso sobre sus conciencias y que lentamente se va evaporando, justo en la misma proporción en que se van muriendo. Cada anciano berlinés que muere es reemplazado por un joven emigrante polaco, ruso, checo, lituano, estoniano, letón o, incluso, cada vez con más frecuencia, español. Los pequeños estudios que estaban amueblados con sillones de cretona floreados, con los brazos roídos por años de soledad y silencio, protegidos de la intimidad con visillos blancos y cubiertos de grandes alfombras de imitación persa, se han cambiado por muebles funcionales y baratos de Ikea y persianas regulables de Gradulux. Donde antes en el balcón había geranios ahora hay margaritas y lavandas. En los timbres y buzones aparecen nombre largos terminados en «esky», y uno se encuentra en el ascensor con jóvenes de rasgos eslavos que sonríen pero no te dan los buenos días, tal vez sea por temor a sus escasos conocimientos de alemán o su mala pronunciación. Si por alguna razón tienen que disculparse, se les escapa instintivamente un «Sorry!» ¡Berlín se rejuvenece!
Pues, señores, a pesar de que la vejez es por aquí tan popular aun no se ha puesto nunca moda. Y es que la vejez, digan lo que digan los vendedores de cruceros, es horrorosa y, además, molesta. Por muy compresivos que seamos, nos exasperamos cuando un viejo se atasca en la caja del supermercado porque no sabe dónde ha puesto el monedero. Todos tenemos en la mente la misma idea: que haya un cajero solo para viejos, donde puedan demorarse cuanto quieran. En realidad la idea se hace extensible a todo lo demás: autobuses para viejos, aceras para viejos, calles donde circulen solo viejos, cafés para viejos, etc. En otras palabras, crear un gueto solo para viejos, con lo que nos libraríamos de su molesta y desagradable presencia. Obviamente se trata de una idea del subconsciente, para no atormentar nuestra conciencia.
Los hombres morimos antes que las mujeres porque envejecemos renegando de nuestra decrepitud, que encontramos humillante, inoportuna e injustificada. Pretendemos, ¡nada menos!, condenar a la misma naturaleza por injusta y cruel. Las mujeres lo llevan sin rencor, por eso viven más.
La vejez es fea y antiestética. La piel se reseca y se llena de oscuras manchas de pigmentación, las manos se descarnan, la carne se vuelve flácida y rugosa, la espalda se encorva, como si lleváramos una pesada piedra colgada del cuello, las piernas flojean como si fueran de goma, los dientes huyen de las encías, la vista se enturbia, los ojos se irritan, la nariz moquea. La respiración se vuelve insuficiente apenas hacemos el mínimo esfuerzo, el corazón no sigue un ritmo regular y constante. Surgen irregulares protuberancias de grasa, verrugas en el rostro, caspa en el poco cabello que nos queda, durezas en los pies, las articulaciones se resecan. Cualquier dolor nos alarma por temor a que sea causado por un tumor cancerígeno. Las arterias se vuelven de corcho y la tensión arterial se enloquece y se pone fuera de control,  la sangre parece de caramelo. Si nos olvidamos del número de nuestra cuenta del banco nos imaginamos que es un primer síntoma de Alzheimer. Siempre nos abrigamos más de la cuenta, y ya no nos quitamos la chaqueta o el chaleco hasta bien entrado el mes de agosto, y aún así, siempre la tenemos a mano. Dormimos 3 ó 4 horas a intervalos de una hora, y cogemos el sueño al amanecer, cuando despiertan los mirlos y los cuervos, el resto lo pasamos en vela, revolcándonos en la cama con la misma torpeza que las focas en la playa. Tememos el invierno por la nieve y los hielos, la primavera por las alergias, el verano por las olas de calor, y solo nos queda el otoño como la estación más tolerable para la vejez. ¡Ojala todo el año fuera otoño! Los médicos nos tratan como enfermos imaginarios y nos recetas pastillas de lo que sea, con tal de que los dejemos tranquilos, y tal vez lleven razón.
Pero no solo se degrada el cuerpo, también se envejece el alma. Si no ponemos atención se nos desvanece la imaginación y dejamos de soñar, y si no soñamos no podemos ser felices. De hecho pocos viejos son felices. Solo los creyentes lo son, porque sueñan ya con que se rejuvenecerán automáticamente cuando lleguen al Paraíso celestial. Pero la mayoría somos descreídos y nos volvemos cínicos, socarrones y demagogos. Lo que nos pasa es que nos da coraje que el mundo no se acabe con nosotros, lo que es de un egoísmo bíblico, por eso todo lo vemos de color negro, catastrófico y apocalíptico; en otras palabras, nos volvemos paranoicos y esquizofrénicos, y lo peor es que disfrutamos maliciosamente con ello.
Pero ¿y la mente? Ese prodigio de la naturaleza humana se apaga lentamente. Primero nos olvidamos del nombre de nuestros amigos de la infancia, luego de los artistas favoritos de la adolescencia, después no recordamos el título de la película que más nos habían impresionado en nuestra juventud, casi inmediatamente dejamos de retener en la memoria las frases célebres de aquellos autores más admirados, y, finalmente, un buen día alguien nos pide nuestro número de teléfono y nos damos cuenta que no podemos recordar los tres o cuatro últimos números. Entonces es cuando nos alarmamos verdaderamente.
Pero no solo se evaporan lentamente los recuerdos, buenos o malos, sino que se enreda nuestra capacidad de manejar las ideas con lógica. La realidad se nos hace confusa e imprecisa, porque estamos dominados por las sensaciones dolorosas y las impresiones tristes y nos faltan las necesarias emociones felices, que son el estímulo de la mente. Lo que sucede es que ya nos alcanza la sombra tenebrosa de la muerte, y empezamos a dedicar más tiempo del necesario a este pensamiento. Morir es un estado difícil de concebir, porque nadie puede aceptar que pueda haber un fin irreversible, sin que podamos tener una segunda oportunidad. Por otro lado la sola idea de vernos reducidos a un cadáver putrefacto devorado por los gusanos aterra nuestra imaginación. Sin embargo, como es irremediable terminamos por resignarnos, pensando lo menos posible en ella y que suceda cuando le venga en gana. No solo eso sino que nos hacemos los valientes cuando surge el tema en una conversación:
—¿Por qué dramatizar si es inevitable? —fanfarroneamos.
Finalmente lo que nos angustia no es morir, sino morir bien, sin agonías prolongadas o dolores insoportables. Morir como al parecer mueren los gorriones, que cuando presienten su muerte se encierran en algún recóndito escondrijo y se dejan morir allí de hambre, por eso nunca vemos los cadáveres de los gorriones muertos. Lamentablemente por nuestra confusa ética social nos empeñamos en prolongar inútilmente la vida de un anciano moribundo, mientras dejamos morir de hambre a millones de niños en todo el mundo. ¡Así somos los humanos de contradictorios!


11 febrero, 2020

Sigüenza: una iniciativa inteligente

Recientemente la Corporación Municipal de Sigüenza (mi ciudad natal) ha solicitado a la UNESCO que esta ciudad mitrada sea declarada Patrimonio de la Humanidad.
La ciudad tiene un porcentaje por metro cuadrado de lugares de interés histórico y cultural tan elevado como Toledo o Sevilla. En un simple y relajado paseo se puede pasar del siglo X al siglo XIX los siglos XX y XXI no tendrían ningún interés para un visitante urbano).

¿Por qué es una decisión inteligente?

La economía global, mayoritariamente liberal, se fundamenta sobre tres pilares básicos: inversión, producción y mercado o consumo. Una silla de tres patas nunca cojea y es estable siempre que las tres patas tengan la misma longitud.

Como dice el refranero popular, “No hay más cera que la que arde”. Es decir, la economía global se fundamenta en una inversión de la que, en un tiempo razonable, se obtenga un beneficio gracias a una producción absorbida por un mercado.

Y aquí es donde reside el problema de España y su paro endémico: la mayoría de los mercados están saturados por la enorme productividad de media docena de países: China, especializada en bienes de bajo precio; EE UU en los servicios de entretenimiento y aplicaciones de Internet; Alemania y Francia en automóviles y bienes de equipo o herramientas de alta especialización, el Reino Unido en servicios financieros y un determinado número de países de Asia, en el textil. Invertir en alguno de estos sectores está condenado al fracaso.

Hace unos años España tenía prácticamente en exclusiva los mercados del turismo de masas (a costa de la degradación acelerada del litoral mediterráneo), productos agrícolas y algunos alimentos derivados. Pero hoy nos enfrentamos a la dura competencia de Turquía, Grecia y Croacia, además de otros países del cono sur de África y de Latinoamérica, debido a la reducción de los costes del transporte aéreo. En otras palabras: nos estamos quedando sin acceso a mercados globales y dependemos de la baja rentabilidad del mercado interior. ¡El desempleo será crónico y en progresivo aumento!

Una mentalidad creativa

Los jóvenes seguntinos que se estén incorporando al mercado laboral tendrán escasas posibilidades de encontrar un empleo estable y bien remunerado, pese a que hayan adquirido una costosa formación académica o profesional, al menos acorde con el elevado coste de la vida, y solo podrán conseguir empleos temporales y con sueldos por debajo de las necesidades reales, propios de la debilidad del mercado interior, sin apenas inversión privada.

Entonces, ¿dónde está la solución? Ya he dado una respuesta en el transcurso de este breve artículo: crear productos y servicios nuevos que abran nuevos mercados globales. Y asumo que la Corporación Municipal de Sigüenza ha optado con su candidatura a un organismo internacional por este inteligente criterio, con una clara visión del presente y del futuro, porque aunque no consiga sus propósitos, el solo hecho de la difusión mediática de su candidatura venderá la imagen de una ciudad monumental, merecedora de este prestigioso premio.

¿De qué productos y servicios hablamos?

Dos veces al año suelo recibir, aquí en Berlín, la visita de un gran amigo por el corto espacio de tiempo de un fin de semana. Yo suelo protestar porque se tome esas molestias y gastos para tan poco tiempo, pero pasar un fin de semana a 2.000 km. de tu lugar de residencia ya no es una excentricidad, sino que si el viaje ofrece suficientes alicientes, cada vez son, y serán, más frecuentes y habituales.

Sigüenza está a solo 5 horas del centro de Europa, y las nuevas generaciones le han perdido el miedo a volar, con justificada razón, pues está demostrado que es el medio de transporte más rápido y seguro. Actualmente son muchas las personas que tienen sus lugares de trabajo en el otro extremo del país y vuelan cada fin de semana para pasarlo con la familia.

Por otro lado, los habitantes de las grandes ciudades europeas sufren un auténtico rosario de agresiones estresantes. Además de las más consabidas, como ruidos molestos, contaminación, etc., hay una agresión que todavía no se ha tenido en demasiada consideración: la contaminación emotiva de las imágenes.

Cada imagen que contemplamos nos causa una determinada emoción. Si al cabo del día contemplamos una abrumadora cantidad de imágenes emotivas que tratan de llamar nuestra atención, nuestra imaginación puede llegar a colapsar, y no reaccionar ante las que realmente nos interesan y afectan.

Como está siendo bombardeados por perturbadoras imágenes, desde que se levantan hasta que se acuestan, en la televisión, en las redes sociales, en las calles y hasta en sus sueños o pesadillas, es lógico deducir que les resulte atractiva la posibilidad de pasar algún tiempo en un paraje con una sola imagen, la de un páramo yermo, solitario y silencioso, como la mejor terapia para su estrés. Esta visión tiene el mismo efecto que la contemplación del mar, pero tierra adentro.

Paradógicamente estos parajes que son nuestro potencial de la riqueza del futuro son la consecuencia de nuestra pobreza en el pasado, porque la migración campesina a los suburbios de las grandes ciudades dejó prácticamente sin actividad a toda nuestra pedanía, con el abandono y progresivo deterioro de pueblos y aldeas.

Estos parajes, que en otro tiempo nos parecían tristes y desolados, son ahora uno de nuestros más valiosos activos. Son pocas las ciudades alemanas que no sufran el constante rumor del tráfico de una cercaba autopista o el ruido del despegue de aviones de un aeropuerto cercano. Más difícil todavía es contemplar un cielo estrellado por la enorme contaminación lumínica de uno de los países más densamente poblados de Europa. Ni en este país ni en el resto de los países más desarrollados de Europa existe ya lo que entendemos como zonas “rurales”, porque ya todo es urbano, con sus ventajas y desventajas.

¿Es nuestra abandonada pedanía “Patrimonio de la Humanidad?

¡Naturalmente! Estos pueblos y aldeas abandonadas son las ruinas de una cultura rural fagocitada por la estresante cultura urbana. Nos trae la memoria de gentes que hoy merecerían el calificativo de “héroes”, porque no podemos ni imaginar cómo podían sobrevivir con un pequeño huerto donde cultivaban unas pocas hortalizas, legumbres y algún fruto silvestre o quienes tenían un parral o un árbol frutal, y unos terrenos de secano dispersos, donde era necesario abrir profundos surcos en una tierra endurecida por las heladas y plagada de guijarros,
O cómo podían sobrevivir aquellos largos y gélidos inviernos, con intensas nevadas que los dejaban más aislados de lo que ya estaban, al calor de un fogón donde hervía un caldero con lo poco que tenían almacenado en el granero de la buhadilla y con la única calefacción que el calor que desprendían las bestias de la cuadra, situadas debajo del cuartucho que hacía de dormitorio conyugal, el resto de los hijos sobrevivientes dormían en camastros en la única habitación que era la cocina, el comedor y el dormitorio.

Y también están entre esas ruinas cargadas de humanidad y de olvidada historia, las también ruinosas y modestas iglesias de aldea, donde unos sufridos párrocos intentaba llevar el mensaje fraternal del cristianismo entre una población superticiosa y con creencias y costumbres milenarias, basada en un mundo esotérico de brujas y machos cabrios. En ocasiones de gran violencia.

¿No son las ruinas de estas aldeas abandonadas Patrimonio de la Humanidad? Yo creo que lo son, incluso más humanas que las ruinas de Pompeya o el Teatro romano de Mérida. Pero no son ruinas espectaculares, sino tan modestas como eran sus habitantes, pero no dejan de ser ruinas que nos hablan de un tiempo pasado y de una cultura fenecida, ¡aunque no tenga más de 100 años de antigüedad!

Preservar este valioso legado

Yo creo que nuestra candidatura debe incluir de manera destacada este patrimonio local, porque tiene tanto o incluso más valor que lo meramente monumental, y los del comité que otorga esta preciada distinción deberían reconocer favorablemente si lo que se reconoce es un legado ¡de la humanidad para la humanidad!

Si nos limitamos a ofrecer nuestro patrimonio monumental, el folclore local y la gastronomía, tendremos muy pocas posibilidades de llamar la atención de los responsables de la nominación.

Por mi relación con una ciudadana húgara, durante mi estancia en Nueva York, he visitado países integrados recientemente en la familia europea, como la misma Hungría, Rumanía y Polonia, donde he visitado extraordinarias ciudades donde parecía que el tiempo se hubiera detenido en los siglos XXV o XXVI, y que acabarán siendo nominadas Patrimonio de la humanidad sin apenas discusión.

Por esta realista razón, sería conveniente aprovechar esta oportunidad única para consolidar iniciativas que ya se están desarrollando en nuestra pedanía, creadas por jóvenes empresarios que tienen muy claro que uno de los sectores de mayor crecimiento en el futuro son los servicios de salud contra los negativos efectos de creciente estrés y sus trastornos físicos y mentales, en un medio ambiente que no tenga nada en común con el mundo urbano, que es la causa de su malestar. Pero animado por actos lúdicos y culturales. Y, al mismo tiempo, darle una utilidad y sentido cultural a los pueblos en ruinas y abadunados. Si no ofrecemos algo nuevo y creativo tendremos muy pocas posibilidades de conseguir la deseada nominación.

Un proyecto humano para la humanidad

Básicamente se trataría de desescombrar y consolidar las ruinas y convertirlas en un “museo”, y rehabilitar una con las características originales de la aldea, que pueda ser visitadas y servir de alojamiento temporal a los animadores artísticos o culturales que puedan celebrarse en esa misma aldea.

Los pueblos o aldeas que se prestaran a esta transformación serían marcado con el título de “Aldea en ruinas Patrimonio de la Humanidad”. Esta labor podría ser encargada a estudiantes de arquitectura en los últimos años de carrera como prácticas, que seguro que aceptarían el encargo con agrado.

¿Turistas? ¡Preferimos visitantes!


Un turista es una persona que mantiene una relación superficial con aquello que visita. Hace un centenar de fotografías, en las que figura siempre en primer plano, degusta un plato local, compra alguna baratija de recuerdo y “si te he visto no me acuerdo”.

Lo que requiere este particular modelo de ocio son “visitantes”, más interesado y relacionados con la población que visitan. Por eso nunca me gustó la iniciativa del “Tren turístico del Doncel”. Demasiado folclórico y superficial. Un visitante se interesa por lo que visita, el turista se conforma con fotografiarlo. Ese no es el perfil de las personas a las que nos estamos refriendo.

Supongo que no habrá nada que yo pueda sugerir que no lo hayan pensado los promotores de esta iniciativa. No obstante quisiera recalcar algunas iniciativas fundamentales para tener garantizado el éxito de este proyecto, y crear puestos de trabajo a nivel europeo.

Como ya he comentado con anterioridad, si queremos vivir con los niveles europeos tendremos que trabajar como los europeos y con los europeos. El primer paso que habría que dar sería participar en la Feria Internacional de Turismo de Berlín, la mayor plataforma del mundo para el lanzamiento de proyectos estas características, porque los alemanes son los ciudadanos más estresados de la Unión Europea y, al mismo tiempo, los más propensos para aceptar estos nuevos servicios.

La otra iniciativa necesaria sería dotarnos de un confortable vehiculo que sirviera de “lanzadera” entre Barajas y Sigüenza, para que recoja a los visitantes y los lleve a sus alojamientos, además de servir de transporte a los actos lúdicos o culturales de las diversas aldeas. Solo así Sigüenza estaría realmente a cinco horas de Centro Europa. La mayoría de los visitantes nacionales acudirían en vehículos particulares, para tener libertad de movimiento, pero los que proviniesen de otros países (y ese debe ser el objetivo principal) tendrían esta opción.

La otra sugerencia, que también me parece fundamental, como es el cuidado y promoción de la imagen de Sigüenza, porque es por la imagen por lo que se hacen una idea del lugar los posibles visitantes. Lamento tener que decir que el video realizado para la presentación de la iniciativa es muy pobre y poco creativo. Confío en que los próximos sean encargados a realizadores más creativos.

A esta tarea se debería unir un servicio de diseño y realización de páginas web para la gestión global de las iniciativas, pues cada vez es más evidente que la eficacia de la gestión de los negocios depende de la eficacia de su interacción en la red (tengo que felicitar a la librería Rayuela por su magnífica página en Internet)

Otra sugerencia es la exhaustiva vigilancia por parte del Ayuntamiento de la gestión urbanística y medioambiental de la zona, para evitar cualquier intento de destruir sus cualidades fundamentales.

Por último, la contratación de un/una relaciones públicas, políglota, inteligente, que conozca muy bien lo que estamos vendiendo, para que nos sirva de interlocutor en cualquier nivel o responsabilidad de sus gestiones.

Esta puede parecer una iniciativa que supera la capacidad de gestión y creación de una localidad como Sigüenza, pero como lo he tratado de exponer, no hay futuro si no hay sueños, y el sueño colectivo de una población es lo que hace que se haga realidad lo que parecía imposible.


BORRADOR PARA UN VIDEO DE PROMOCIÓN

1. ¿Cuánto tiempo hace que no ha contemplado un cielo estrellado como éste?
(Fundido cielo brumoso a estrellado)

2. ¿Recuerda cuándo fue la última vez que paseó por un sitio como éste?
(Fundido entre una acera concurrida y un sendero)

3. ¿Ha vivido alguna vez una entrañable velada como ésta?
(Fundido de una ruidosa discoteca  a un grupo de gente en torno a un fuego. Alguien canta)

4. ¿Le ha despertado alguna vez el canto de un ruiseñor?
(Fundido despertar por el ruido de obras con la del canto del ruiseñor)

5. ¿Recuerda haber degustado alguna vez platos tan deliciosos como es estos?
(Fundido de una hamburguesa y un plato de degustación)

6. ¿Ha tenido oportunidad de contemplar una estatua yaciente del Renacimiento como esta?
(Fundido entre una tosca imagen y el Doncel)

7. ¿Cuándo fue la última vez que visitó una ciudad tan monumental y acogedora como esta?
(Escenas fundidas de los monumentos, las festividades y un alegre grupo de gente que exclaman frases como “Le echamos de menos”, “Aquí tiene sus nuevos amigos”, “Le esperamos”.

8. ¡Venga a Sigüenza, que le dejará un grato recuerdo!
(Último fundido con un nuevo logotipo)

VERSIÓN INGLESA
(Sin revisar)

1. How long has it been since you've seen a starry sky like this?
(Cast misty sky to starry)

2. Do you remember when you last walked around a place like this?
(Cast between a busy sidewalk and a path)

3. Have you ever lived an endearing evening like this?
(Cast from a noisy nightclub a group of people around a fire. Someone sings)

4. Have you ever been awakened by the song of a nightingale?
(Cast awakening by the noise of works with that of the song of the nightingale)

5. Do you remember ever tasting dishes as delicious as these?
(Melted a burger and tasting plate)

6. Have you had the opportunity to contemplate a stenitised Renaissance statue like this?
(Cast between a crude image and the Doncel)

7. When was the last time you visited a city as monumental and welcoming as this?
(Melted scenes of monuments, festivities and a cheerful group of people exclaiming phrases like "We miss you," "Here's your new friends," "We're waiting for you."

8. Come to Siguenza, which will leave you with a pleasant memory!
(Last cast with a new logo)

En Berlín,14.02.2020

27 enero, 2020

¿Tonterías?




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18 enero, 2020

17 enero, 2020

Ciencia, filosofía y teología: ¿por qué no se entienden?

 Ni se entienden ni se entenderán jamás si no asumen que los tres hablan de la misma cosa, pero con un lenguaje y en un contexto diferente.