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27 enero, 2020

¿Tonterías?




No puedo dejar sin respuesta a quien gratuitamente y sin argumento alguno, se permite ofenderme con el calificativo de “tonto”, porque mi axioma: “Si no existe Dios ¿de dónde surge la bondad?" , le parece una “tontería”.



Hasta donde alcanza mi escasa inteligencia de tonto, los seres humanos adquirimos el conocimiento de la realidad a través de las impresiones de la conciencia, las revelaciones de la imaginación y las sensaciones del cuerpo, que se complementan con la intuición, la fe y el instinto respectivamente.



El filósofo concibe las causas razonables de las impresiones que recibe en la conciencia, que definen la forma de ser de lo concebido y prueba su existencia. Si Dios es incausado y desconocemos su forma de ser, el filósofo debe declararse razonablemente ateo, porque Dios simplemente no puede existir,

Armado con la poderosa razón, carga implacable contra los creyentes exponiéndoles sus argumentos y acusándoles de “tontos”, ignorantes, crédulos y hasta reaccionarios,

La firme posición de los creyentes

A estos injustificados insultos los creyentes responden asombrados: ¿Por qué nos atacan los filósofos? ¿No fuimos nosotros y nuestros teólogos los que introducimos la idea de Dios en todas las diversas culturas del planeta? ¿Es culpa nuestra que los filósofos no puedan concebir nuestra idea de Dios revelada en nuestra imaginación, y en la que tenemos fe? ¿Qué importancia tiene para nosotros el debate filosófico sobre la existencia de Dios si ya lo hemos imaginado por la revelación? ¿Son las impresiones una fuente de conocimiento superior a las revelaciones? ¿Es la conciencia más importante que la imaginación? Nosotros pensamos que no.

Paradógicamente todos los que “creen que Dios existe” lo están negando, porque, no solo entran en el estéril debate filosófico, sino que imaginan un dios existente, de carne y hueso, con el que nos podemos encontrar a la vuelta de la esquina.

Para creer en algo es necesario tener algo en qué creer, de otro modo caeríamos en un creencia ciega, dogmática y fanática. Para un creyente, Dios debe ser ese algo, pero inexistente, por lo que solo puede ser un espíritu; es decir, Dios debe penetrar en el alma del creyente durante una profunda experiencia religiosa, puedo poner como magnífico ejemplo nuesros dos místicos más famosos: Santa Teresa y San juan de la Cruz, meditación o cualquier fenómeno paranormal que nos haya sucedido.
La Iglesia católica, que es sin lugar a dudas, la que mejor entiende las cosas de Dios, tiene el sacramento de la primera comunión con ese propósito.

Puesto que la penetración del espíritu de Dios no puede verse, creamos una imagen representativa como medium, como hizo Miguel Angel en la Capilla Sixtina. Y la más elocuente es la del propio Jesucristo, ¡otro gran aciertro de la liturgia católica! Pues es alguien existente a quien podemos llamar “Dios”

Sin esta imagen, no podríamos trasladar a nuestra conciencia una impresión formal de lo que sentimos que ha entrado en nuestra alma, a través de las revelaciones que llegan a la imaginación.
Con esta impresión los creyentes no prueban la existencia de Dios, sino la del medium, sin necesidad de un razonamiento filosófico, solo con la imaginación y el “corazón”.

Creo que mi axioma tiene pleno sentido teológico. No voy a acusar a mi crítico, pero es una simpleza aferrarse a la razón para entender el mundo sin prestar atención a la sabiduría que hay en la imaginación y su fiel aliado, el corazón.

Por último, este pasaje de Tertuliano, ilustra todo lo expuesto este artículo:

«Todas las herejías en último término tienen su origen en la filosofía. [...] Pero, ¿qué tiene que ver Atenas con Jerusalén? ¿Qué relación hay entre la Academia y la Iglesia? ¿Qué tienen que ver los herejes y los cristianos? Nuestra escuela es la del pórtico de Salomón, que enseñó que había que buscar al Señor con simplicidad de corazón.»

Berlín, 28.1.2020

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