¿Fantasía o realidad? ("Una idea de Dios según la filosofía")

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¿Fantasía o realidad? 

Las conclusiones a las que he llegado en el anterior capítulo no han sido las que yo deseaba que fueran, sino a las que me han llevado la razón y la lógica, contrastadas con mis conocimientos de física y astronomía, que no son muy extensos, aunque creo que son los básicos y suficientes para el propósito de este breve ensayo.
De acuerdo a estas conclusiones, después de exhalado el último suspiro perderemos toda nuestra sensibilidad del cuerpo, cesará cualquier actividad de la imaginación, y la mente se quedará en blanco absoluto, sin pensamientos o impresiones, lo que será una agradable sensación de liberación.
Sé por experiencia familiar que cuando no se muere por causa de un imprevisto accidente, o una súbita dolencia, como un fulminante infarto, sino por causas naturales de la vejez o una larga enfermedad crónica, no solamente la aceptamos, porque somos plenamente conscientes de que es irreversible, sino que la deseamos para librarnos cuanto antes de la angustia provocada por la incertidumbre de lo  que nos espera; el sentimiento de profunda tristeza, cuando no amargura, que conllevan las despedidas, agravado por la separación de nuestros seres queridos; la posible desolación por no haber conseguido ver realizadas todas nuestras ilusiones y proyectos, y todavía podríamos añadir el probable malestar físico o incluso dolor.
Afortunadamente la muerte nos librará de todos estos sufrimientos, sumiéndonos en una paz absoluta, ¡aunque sea eterna! Cabe la posibilidad, como se ha constatado en numerosos casos de experiencias cercanas a la muerte, que la mente quede en blanco, no figurado, sino real, y sea un resplandor intenso lo último que proyecte nuestra imaginación. Después, simplemente habremos perdido toda conexión o contacto con la realidad natural para entrar en la realidad sobrenatural, lo que significa que todo funcionará a la inversa que en la realidad desaparecida.
Puede que ese espacio de nada absoluta en el que habremos entrado, mantenga su forma como su espectro, porque al regirse por leyes sobrenaturales no podemos saber cómo se comportarán los átomos en esa dimensión. La física cuántica nos demuestra que a un determinados tamaño se comportan fuera de las leyes de la física clásica, con lo que Einstein estaba radicalmente en desacuerdo.
Personalmente no puedo afirmar ni negar que pueda ser posible que mantengamos nuestra imagen en un espectros, pero me parece más literario que real. Pudiera ser que estén formados por anti-atomos, anti-energia y en definitiva, anti-materia, que no solo será invisible en la realidad natural, sino en la sobre-natural, puesto que lógico deducir que careceremos del sentido de la visión.
Lo más razonable es que nuestro espectro sea un contingente de energía “oscura”, que por lógica deberá  unirse a la nada descrita en el primer capítulo, donde deberá ser procesada y decidido su destino.
Solo se me ocurre añadir a estos posibles sucesos, cuales pueden ser las razones que decidan nuestro futuro destino. Si el universo, y la naturaleza que contiene, parece que su objetivo es la perfección en todos los sentidos, aunque no tenga demasiada prisa por conseguirla, puede que tarde unos cuantos miles de millones de años luz más, serán valorados aquellos sistemas dinámicos que aporten alguna mejora, que a nuestra escala debería interpretarse con dejar un legado constructivo en la consecución de nuestra perfección a pequeña escala, sea en ciencia, en arte, en moral o cualquier otra obra que cumpliera esta condición.

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