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18 noviembre, 2019

El extraordinario poder del inglés

Que los ingleses son y han sido siempre pragmáticos tenemos la prueba más evidente en su idioma. Es una de las lenguas más sencillas y racionales del mundo.

Han suprimido todo lo innecesario, como género o declinaciones y tiene los vocablos más cortos que cualquiera de los otros idiomas. Un libro traducido del alemán al inglés ocupará un 15% menos de páginas.

Gracias a esta simplificación han conseguido dos importantes logros que hace este idioma el más poderoso del mundo: la gran popularidad como idioma universal, y la sensación de que todo lo que se escribe en inglés tiene la apariencia de ser importante.

Y para hacer esta aseveración me baso en una reciente experiencia durante el diseño de este blog. Entre las muchas aplicaciones que se pueden incluir está el traductor de Google a más de 50 idiomas, y al hacer las pruebas de la calidad de las traducciones me di cuenta que el mismo artículo cambiaba de “carácter” en cada idioma que se traducía.

De todos los idiomas que conozco (francés, inglés, alemán y catalán, además de nociones básicas de italiano) en los únicos idiomas que parecía un artículo “serio” e “importante” era en alemán e inglés, los demás no me trasmitían esa sensación.

El castellano no es idóneo para escribir artículos de gran profundidad intelectual, porque está mejor adaptado para la literatura. Es ligero, expresivo y emotivo, pero tratar de convencer del interés de tus ideas en castellano es como hablar solos, porque todo el mundo te oirá, pero nadie te escuchará. No tiene el carácter necesario para esta labor.

Si lo traducimos al francés, el artículo se “afrancesa”, y sólo interesará a los franceses, porque pierde su personalidad y se convierte en “otro” artículo. La difícil pronunciación de este idioma reduce su uso a su propio espacio cultural. Si fue utilizado por las monarquías es porque es un idioma físico, sensual y apropiado para la adulación y el agasajo, que era la razón de ser de la aristocracia europea.

La traducción al alemán puede darnos una primera impresión imponente, pero como el francés, es un idioma regional de Europa. No tiene ninguna posibilidad de que esa impresión favorable trascienda sus fronteras lingüísticas, por su extraña estructura gramatical, además de sus complejas declinaciones. Prácticamente en todos los idiomas el verbo está situado entre el sujeto y el predicado, en alemán está al final. La otra característica que lo hace impopular es la extensión de algunas voces, compuestas por la yuxtaposición de dos o tres conceptos. En fin, esa buena impresión se queda para los propios alemanes.

En cuanto traducirlo al italiano, se quedará convertido en un diálogo ideal para la letra de una ópera o de cualquier cosa lúdica o musical. De ninguna manera se pueda hacer del italiano un idioma universal, para exponer ideas que no estén vinculadas a la música, el canto o la imaginación. Parece un lenguaje apropiado solo para niños.

Po último, cuando traducí mi artículo al catalán tuve la sensación de haberlo convertido en un tema doméstico, familiar, con una excelente cualidad y fonética para exponer nuestras ideas a familiares y amigos, sin ninguna posibilidad de traspasar este entorno regional.

Así, mientras en unos idiomas no trasciende por no ser adecuado su carácter, otros por chovinistas, otros por su complicación y otros por su carácter familiar, publicar algo en inglés es como ¡estar leyéndolo en la Asamblea General de las Naciones Unidas!

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