Los encierros :una diversión cruel y sin sentido

Me pregunto qué hay de lúdico en hostigar a un pacífico animal hasta provocarle el pánico. ¿Qué tratan de demostrar los que corren delante de animales enloquecidos por la agresivo hostigamiento de unos humanos insensible con su sufrimiento?



Es evidente que se trata de una tradición de los tiempos en que la crueldad en general era el comportamiento habitual, como despedazar un ser humano atado a un tiro de caballos, quemarlo vivo en una hoguera o cegarle con un hierro candente

Se supone que como seres civilizados ya no nos divierten esas crueldades. ¿Por qué persistimos en la crueldad de los encierros y los sangrientos espectáculos taurinos?


Sin duda que la razón es que no tenemos la menor idea de cómo son y sienten los animales.

Lo único que nos distingue de ellos es la capacidad del habla gracias al desarrollo morfológico que nos permitió vocalizar multitud de sonidos diferentes.

La variedad de sonidos vocales de los animales es muy limitada, pero eso no quiere decir que no sientan y padezcan como nosotros.

Esos sonidos reflejan su estado de ánimo y ciertas claves para compensar incapacidad para el habla.

Los animales no lloran ni ríen porque carecen de la capacidad fisica necesaria, pero por el tono de sus aullidos expresan su tristeza, soledad, dolor o entusiasmo.

El mundo de los animales se limita a las sensaciones y las emociones, puede que algunos, sobre todo los animales que conviven intensamente con los humanos, que tengan además impresiones, o la capacidad de distinguir unos objetos de otros, pero no pueden llegar a concebirlos, porque al no tener la habilidad del lenguaje no pueden hacer la conversión del objeto observado al sujeto concebido, para lo que es necesario un nombre.

La permanencia de los encierros y los sangrientos espectáculos taurinos es una elocuente prueba de nuestra incompleta civilización como seres humanos.






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