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“Braguismo”, el estilo creado por Juan Marsé que ha destruido la novela

Creo que la mejor forma de introducir este delicado tema es sentar en el banquillo de los acusados a los sospechosos de participar en una conspiración contra la novela en España,
exponiendo a este jurado imparcial (los lectores) las pruebas de los graves delitos literarios cometidos por los acusados y si están motivados por su gravedad, dicten su sentencia a través de la opción de comentarios: ¿culpables o inocentes?

Empecemos por el cabecilla de la banda:

JUAN MARSÉ.
Premio Planeta por su novela “La muchacha de las bragas de oro”.

En los años 70 formó parte en Barcelona, junto a Terenci Moix, Rosa Regás y otros autores locales, de un movimiento literario que ha tenido gran influencia en la actual generación de escritores, que consiste en “escribir a tontas y locas”, que yo he bautizado como “Braguismo” (no podía denominarse “Marseismo” porque se confundiría con “Marxismo”).

Podría citar decenas de pasajes a los que clasificar de “Braguismo”, pero me limitaré a cuatro palabras del primer párrafo de su novela para hacer una evaluación crítica:

“el perro husmeaba corrupciones”.

Estoy seguro que este corto pasaje no necesita comentarios, porque es más que evidente que no es una frase coherente, sino un capricho del autor que debe “sonarle bien” y le parece de una gran genialidad, pero es evidente que los perros no “husmean” y el lector no puede imaginar en qué contexto está la expresión “corrupciones”, porque corrupto puede ser un político o un banquero o una infinidad de cosas.

Husmear es un verbo que va más allá de oler u olfatear: “Voy a husmear por ahí a ver si encuentro lo que busco”, sería coherente.

También podía haber escrito: “El perro olfateaba las algas en descomposición de la playa”. Con esta sencilla descripción le ahorra al lector detener la lectura para descifrar el sentido de su lacónica oración. Para mí han sido suficientes estas cuatro palabras del primer párrafo para desestimar esta novela y calificarla sin ningún reparo de literatura basura.

Siguiente acusado:

JUAN JOSÉ MILLÁS
Premio Nadal 1990 por “La soledad era eso”.

Este es un delito literario particularmente grave, porque este autor ha presidido el jurado del Premio Alfaguara de novela, y aunque parezca imposible es el autor de este párrafo:

«Elena estaba depilándose las piernas en el cuarto de baño cuando sonó el teléfono y le comunicaron que su madre acababa de morir. Miró el reloj instintivamente y procuró retener la hora en la cabeza; las seis y media de la tarde. Aunque los días habían comenzado a alargar, era casi de noche por efecto de unas nubes que desde el mediodía se habían ido colocando en forma de techo sobre la ciudad. La mejor hora de la tarde para irse de este mundo, pensó cogida al teléfono mientras escuchaba a su marido que, desde el otro lado de la línea, intentaba resultar eficaz y cariñoso al mismo tiempo

¿Cómo puede haber una editorial capaz de publicar una novela con un párrafo como éste, que parece extraído de una redacción de colegio? Se supone que la madre está moribunda en algún hospital y resulta que es el yerno el que está junto a su suegra en el momento de su defunción, mientras la hija se depila las piernas tranquilamente en el cuarto de baño.

Por si esto no fuera ya inadmisible todavía tiene la estúpida ocurrencia de pensar que aquella era la mejor hora para morirse. ¿En qué cabeza cabe semejante escena? En la mía no, desde luego.

¿Qué está pasando en las editoriales españolas? ¿Por qué publican esta basura? El señor Millás no es un escritor, sino un trabajador de las letras a sueldo de su editorial. No ha sido agraciado con el codiciado don del talento, ¡que parece haberse ido al exilio durante nuestra lejana Guerra civil y todavía no ha regresado! Lo dejo a su juicio.

Siguiente acusado:

FERNANDO SÁNCHEZ DRAGÓ
Premio Planeta 1992 por “La prueba del laberinto”.

Estamos ante otro caso de trabajador de las letras, marrullero y sin talento; un cuenta-nadas con infinidad de pasajes de relleno, carentes del más mínimo interés y estilo literario, como puede comprobarse en este primer y, para mí, último párrafo:

«La Biblia lleva razón cuando dice que el Maligno se embosca en lo baladí. Todo empezó con una vulgar llamada de teléfono. Sonó el timbre de éste, lo descolgué en un descuido antes de que entre su auricular y mi persona se interpusiera el parapeto acústico del contestador –tan feliz y distraído andaba en ese momento que ni siquiera aparté los ojos del periódico que previamente había desplegado sobre la mesa– y, atónito, escuché la voz razonable, competente y obsequiosa de la secretaría de la editorial catalana que tiene la gentileza de publicar mis libros.»

El párrafo es ya de por sí un grave delito literario, pero he resaltado lo que es intolerable. Le ofrezco sin ánimo de lucro mi versión de su largo párrafo:

«Todo empezó cuando recibí una llamada de mi editorial».

Un nuevo caso de literatura basura de otro trabajador de las letras, sin inspiración ni talento, pero con una extraordinaria habilidad con el teclado de su ordenador. Creo que ya es suficiente para pedir el veredicto de ¡culpable!

Siguiente acusado:

El siguiente caso se condena a sí mismo en un sustantivo de la corta frase del primer párrafo, y no requiere muchos comentarios a favor de su condena:

GUSTAVO MARTÍN GARZO
Premio Nadal 1999 por “La historia de Marta y Fernando”.

«—Te juro que no tardo nada —le dijo a Fernando besándole en el carrillo

¿En el carrillo? ¡En la mejilla, por favor! ¿Cómo es posible que estos escritores de la escuela “Braguista” tengan tan pobre conocimiento del castellano que no sepan distinguir carrillo de mejilla, incluso por su sonoridad? Listo para sentencia, ¡en el primer párrafo!

Siguiente acusado:

RAFAEL ARGULLOL
Premio Nadal 1993 por «La razón del mal»

Ruego que el jurado lea con atención el siguiente párrafo, y si no pueden hacerse una idea ni tan siquiera superficial de lo que cuenta, lo condenen sin necesidad de mis alegaciones para pedit su culpabilidad:

«Primero hubo vagos rumores, luego incertidumbre y desconcierto, finalmente, escándalo y temor. Lo que estaba a flor de piel se hundió en la espesura de la carne, atravesando todo el organismo hasta revolver las entrañas. Lo que permanecía en la intimidad fue arrancado por la fuerza para ser expuesto a la obscenidad de las miradas. Con la excepción convertida en regla se hizo necesario promulgar leyes excepcionales que se enfrentarán a la disolución de las normas. Las voces se volvieron sombrías cuando se constató que la memoria acudía al baile con la máscara del olvido. Y en el tramo culminante del vértigo las conciencias enmudecieron ante la comprobación de que ese mundo vuelto al revés, en el que nada era como se había previsto que fuera, ese mundo tan irreal era, en definitiva, el verdadero mundo.»

¿¡ ... !?

Siguiente acusado:

Este nuevo acusado también está su delito en un simple párrafo y no creo necesario hacer ninguna alegación para solicitar su condena.

PEDRO MAESTRE
Premio Nadal 1996 por “Matando dinosaurios con un tirachinas”

«que estás diciendo, mamá?, pero ¿qué me estás diciendo?, ¿me estás diciendo que el tío Paco abusaba de ti?, ¿me estás diciendo eso?, ¿cómo que te tocaba?, ¿que te tocaba cómo? (del original), pero ¿dónde?, ¿qué quieres decir?, ¿que qué quieres decir? (¿problemas con la línea del teléfono?, aclaración mía), ¿quieres decir lo que estás diciendo? (no se aclara), lo creo, lo creo (¡se aclara!), ¿y el abuelo? (¡ahí está el abuelo, clave de la trama!), ¿qué hacía el abuelo? (¡qué quiere que haga un abuelo!), ¿el abuelo no hacía nada?, no puede ser (incredulidad, resignación y sometimiento), me puedo creer cualquier cosa (¿que los niños vienen de Paris?), pero esto no”

Creo que es suficiente con mis comentarios entre paréntesis.

Siguiente acusado:

El delito es el uso inadecuado de ciertas expresiones malsonantes e inapropiadas para una obra literaria.

JUAN MANUEL DE PRADA
Premio Planeta 1997 por “La tempestad”

«—Me parece que vas muy deprisa. ¿Tú crees que si tuviera las llaves iba a estar aquí, tan campante, departiendo contigo? A Valenzín se lo cargaron por culpa de esa maleta; el cabrón que le pegó el tiro le birló también las llaves, de las que Valenzín nunca se separa (ba), y antes de marchar anduvo revolviendo el palacio, en busca de la maleta, el hijo de la grandísima puta.»

¿Esto no es literatura, es un comentario de taverna entre gente mal educada y vulgar. Podía haber utilizado los adjetivos; “malnacido”, “sinvergüenza”, “malvado” y otros muchos con una resonancia más literaria. Podemos calificaro de "hiper realismo braguista". Creo que es culpable de un delito de uso indebido de expresiones.

Siguiente acusado:

Siento en el banquillo de los acusados de delitos literarios a una famosa escritora, lo que a juzgar por lo que escribe me parece sencillamente increíble.

CARMEN POSADAS
Premio Planeta 1998 por “Pequeñas infamias”

“Tenía los bigotes más rígidos que nunca, tanto que una mosca hubiera caminado por ellos igual que un convicto sobre la tabla de un barco pirata”

Sin necesidad de hacer comentarios sobre la desafortunada metáfora, la Posadas debía saber que los que eran arrojados a los tiburones en un barco pirata no eran convictos, porque no les hacían juicio alguno, simplemente los tiraban sin más preámbulos legales. Otro caso de "Braguismo" visto para sentencia.

Siguiente acusado:

Este es un delito literario de una gravedad extrema y creo que su autora debe ser condenada, sin apelación, a cadena perpetua.

ESPIDO FREIDE
Premio Planeta 1999 por “Melocotones helados”

Primer (y último) párrafo:

“Existen muchos modos de matar a una persona y escapar sin culpa”.

Este es un clarísimo caso de “Braguismo”, que había dicho que consiste en “escribir a tontas y a locas”, porque todo el que mata a otra persona es indiscutiblemente culpable, y en todo caso puede librarse del castigo. ¿Cómo es posible que el jurado no tuviera en consideración esta aberración literaria al concederle el premio Planeta? El jurado de estos delitos no puede dudar sobre este caso.

Siguiente acusado:

Pero este artículo no estaría completo sin citar a la escritora que representa con más fidelidad el estilo braguista, y como prueba de su delito presento a este jurado el primer párrafo de su novela para que tenga una prueba concisa de la conspiración contra la novela y la literatura en nuestro país.

LUCÍA ETXEBARRÍA
Premio Planeta 2004 por “Un milagro de equilibrio”

“Voy a empezar esta historia con el título de … (pero la historia ya tiene título, “Un milagro de equilibrio"), ... y te voy advirtiendo, querida, queridísima, juguete mío, bomboncito de licor con guinda, luz de donde el sol la toma y, ya de paso, de todos los flexos eléctricos de esta casa...”

¿"De donde el sol la toma"? Es evidente que no es muy ilustrada en materia de astronomía, porque no sabe que el sol no toma la luz de ningún sitio. ¿Cuántos flexos hay en su casa? ¡Ni se sabe! Con estas dos pruebas del delito literario será suficiente para una severa condena.

Creo que ya es suficiente para hacernos una idea de la lamentable situación de la novela en España, que en mi opinión puede considerarse inexistente desde la transición democrática hasta nuestros días. ¡Con Franco escribíamos mejor!

Pero ¿cómo hemos llegado a esta degradante situación? Supongo que por varias causas.

La principal fue la orfandad en que quedó la novela en España tras el exilio o muerte de la generación del 27 y su condena durante el franquismo.

En este enrarecido ambiente literario, y atenazado por la censura, solo unos pocos escritores produjeron obras de cierta calidad, como Miguel Delibes, Rafael Sánchez Ferlosio, Camilo José Cela o incluso Carmen Laforet, pero no lo suficiente para enlazar con los escritores exiliados.

Con la llegada de la democracia estos escritores del “franquismo” no eran los transmisores de la tradición literaria española.

Este vacío fue llenado por el boom de los autores latinoamericanos. Sobre todo por García Márquez, que irrumpió en la liberal Barcelona de los años 70, y otros, como Julio Cortázar.

Fue entonces cuando Juan Marsé, sin talento ni estilo, intentó imitar a estos grandes, cambiando el escenario de Macondo por Barcelona.

Como era esperar el resultado fue catastrófico, pero aún así fue galardonado con el premio Planeta, que daría origen a la escuela “braguista”, en la que se ha formado la generación posterior.

El requisito fundamental para formar parte de esta escuela, que acapara todos los premios literarios, es no tener talento y escribir “a tontas y a locas”. Naturalmente que los escritores de esta escuela necesita también lectores “braguistas”, que lean “a tontas y a locas", porque cada autor tiene los lectores que merece.

(Artículo basado en mi ensayo "Los enemigos de Cervantes")

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