19 diciembre, 2019

"Coaching", ¿está de moda ser un enfemo mental?

Posiblemente no haya nada más rentable que una sociedad enferma. Viven los médicos, los enfermeros, los hospitales privados, los farmacéuticos, los fabricantes de fármacos, los psicólogos, psiquiatras, neurólogos, compañías de seguros y hasta los repartidores de pizzas a domicilio. Por la misma razón, una sociedad saludable sería la ruina de miles de negocios que hacen rentable la mala salud.

¿Quién quiere una sociedad sana? ¡Si pensamos seriamente son muy pocos lo interesados! Hemos llegado tan lejos en esta gigantesca paradoja que empieza a ponerse de moda padecer de alguna anomalía, sobre todo mental: falta de carácter, inseguridad, pobre autoestima, confusión mental, timidez, esquizofrenias, paranoias, histerias, neurosis y la devastadora depresión.

Sigmund Freud achacaba muchos de estos males al comportamiento sexual. La represión no era saludable. Hoy, no es que sea un burdel, pero la cultura es muy permisiva ¡y estamos más enfermos que en los tiempos de Freund!

Depresión, ¿por qué? 

El jardinero de mi comunidad padece una profunda depresión que es fácil de detectar porque han cambiado los rasgos del rostro, ahora son patéticos y sin vida, como si padeciera una enfermedad física terminal. Me comenta que tiene miedo de la gente y cuando intenta comunicarse con alguien su cabeza se aturde y confunde. La Seguridad social le han gestionado multitud de tratamientos. El último aprender a tocar el piano, pero el sigue igual, y temo que acabe cometiendo una locura.

En vista del fracaso de la sanidad oficial y con el aumento de estas raras enfermedades mentales, se ha creado un nuevo y lucrativo negocio, que popularizó en todo el mundo la llamada Iglesia de la ciencialógia y puesto en órbita una nueva expresión “Coaching”, que ofrecen sabiduría y entendimiento para combatir todos los males sociales, ¡pero no son gratis!

 Entre los libros más vendidos de Amazon en sus correspondientes secciones, encabezan las listas cuatro libros de “coaching” de un mismo autor, traducidos del inglés y están traducidos a muchas otras lenguas, ¡un gran negocio! Pues bien, yo también me apunto a esta tendencia con el título “Coachig para librar a la cultura de su malestar” (con permiso de Freund). ¿Alguien se apunta?

¿Por qué padecemos estos trastornos? 

La respuesta la tenemos en la teoría de la Gravitación universal” de Newton. No; no es una tomadura de pelo. Veamos: si los astros se sustentan es porque, además de estar en constante movimiento, observan una estricta norma sin escusas ni lapsus que se establece en función de su masa y velocidad.
Nosotros también nos movemos, pero sin un orden preciso entre nuestra “masa y velocidad”; en otras palabras, es un movimiento irregular y desequilibrado, por lo que colisionamos constantemente con otros en parecidas circunstancias.

Para evitar estas colisiones, que son la causa de nuestros trastornos, solo tenemos que averiguar nuestra “masa” y movernos a la velocidad adecuada para mantenernos en el “vacío”, o la circunstancia en que nos movemos, sin conflictos.

La respuesta no es ni mucho menos original, porque ya lo dijo Sócrates: “Conócete a ti mismo”. Pero al justo y honrado Sócrates se olvidó de aclararnos qué es el “yo mismo”. No es necesario hacerse psicoanalizar o consultar a un astrólogo para saber con absoluta sencillez cómo es el yo mismo, pero siempre que sepamos que no somos solo como pensamos, sino cómo pensamos, imaginamos y sentimos:

Hacernos con criterios estables de lo que es bello y lo feo (La bella y el monstruo) y lo bueno y lo malo (El angel y el demonio), porque sobre lo que no hay duda es sobre la diferencia entre el placer y el dolor de los sentidos, a menos que seamos masoquistas!

Pero ese criterio tiene que homologarse con el criterio de tu ambiente cultura, de otro modo el ser tu mismo no te librará de seguir colisionando. (Tarzán en Nueva York). Una vez aceptados esos criterios, valoras tu moralidad, fe o imaginación y tu capacidad intelectual, no solo por lo que conoces sino lo que entiendes de lo que conoces.

Por último comprobar cuáles son tus características físicas, siempre de acuerdo a los cánones establecidos por tu cultura.

Alicia, el personaje central de mi novela “La pasión de Alicia”, reconoce que es fea y torpe. Es la aceptación de su fealdad y su torpeza lo que la hace ser ella misma. Aceptación que le permite moverse sin colisionar con nada. Tampoco espera ser amada. Ella simplemente ama a su ídolo, porque es su amor “propio”, el suyo, Ama a quien le parece y no depende de lo que piense el amado.

Por último, sabe que es una escritora porque escribir novelas es lo que más desea y sabe hacer mejor, no necesita que nadie comparta su opinión o tener lectores. Es de esta manera como se consigue ser “uno mismo”, ¡pero en función de los valores y criterios de tu ambiente cultural!

Si, por el contrario, para saber quién eres dependes de la opinión que los demás tengan de ti, nunca sabrás quien eres tú mismo, porque serás el tú mismo de la última opinión. Esta es la causa principal de todas las anomalías en nuestro comportamiento social y del malestar de la cultura, porque en este caso vivimos una permanente inseguridad y cada vez que tomamos contacto con alguien nos preguntamos: “¿Que pensará de mi?”

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