21 noviembre, 2019

Septiembre,diario de guerra ("La batalla de Sigüenza")

 280 páginas - 11,95 € - Comprar en Amazon - Resumen

SEPTIEMBRE: DIARIO DE GUERRA
Comienza el asedio de los sublevados a Sigüenza

Martes, 1

Tras la desmoralización por el fracaso de Imón varios milicianos abandonan sus columnas en Sigüenza y marchan al frente de Madrid, Mika Feldman habla de la deserción de dos milicianos del POUM.

Una columna sublevada del coronel García Escámez toma sin resistencia la localidad de Huérmeces, próxima a las líneas republicanas situadas en Baides, y que protegen la vía férrea de Madrid por donde todavía circula un tren diario, «El blindado», con suministros y víveres para los milicianos seguntinos.


Miércoles, 2

A pesar de las malas noticias de los frentes cercanos, hoy no se producen acciones de guerra destacables.


Jueves, 3

En otros frentes los sublevados, que cada vez se aproximan más a Madrid por el oeste, toman la localidad de Talavera de la Reina y se dirigen hacia Toledo con la intención de liberar al general Moscardó, que junto con un grupo de guardias civiles y un número impreciso de rehenes civiles, se han hecho fuertes encerrándose en el Alcázar de esta ciudad. El general Moscardó, una vez liberado, estaría al mando de las tropas sublevadas de Soria en el momento de la toma de Sigüenza, y será el interlocutor para la rendición de la Catedral.


Viernes, 4

Los periódicos y la radio este día trajeron la noticia de un nuevo cambio en el Gobierno de la República, que era asumido por el socialista Francisco Largo Caballero, apodado el «Lenin español». «Era un hombre de origen y estilo proletario». Ministro de Trabajo en el primer gabinete republicano, persona de gran integridad, reconocida incluso por sus enemigos, pero en Sigüenza, a excepción de los simpatizantes socialistas, no debió parecerles una buena elección. Su gobierno estaba compuesto por republicanos liberales, socialdemócratas y comunistas. Contaba con la simpatía de los militares leales a la República y con la lealtad del «Quinto Regimiento», creado por el Partido Comunista y una de las fuerzas en defensa de la República más disciplinadas, pero, al mismo tiempo, con una dependencia demasiado evidente de la Rusia de Stalin. También los anarquistas aceptaron su liderazgo hasta el extremo de formar parte de su segundo Gobierno.


Sábado, 5

Hoy es día de mercado, pero con toda probabilidad no tendría mucha actividad ni movimiento, a pesar de que en Sigüenza ya hay muchos refugiados que necesitan abastecerse.


Domingo, 6

El comandante Martínez de Aragón autoriza la celebración de una boda civil entre una pareja de milicianos que se celebra con gran algarabía entre sus compañeros en un fonda local. Según Sánchez Rueda, que no desaprovecha ninguna oportunidad para arremeter contra ellos, «fueron a cenar a una fonda cuyo gasto no pagaron... A los ocho días, se ha sabido después, cada uno iba por su lado».


Lunes, 7
Según también Sánchez Rueda hoy comienzan a caer sobre Sigüenza los primeros obuses disparados por una batería del calibre 7 ½, situada en la localidad de Mojares, que por su regularidad y persistencia, uno cada 30 ó 40 minutos y desde primeras horas de la mañana, llegaría a ser conocido por los seguntinos con el apodo de «La Nicanora» (otras versiones dicen que éste era el apodo del pequeño cañón del 7 ½ al mando de Díaz Muntadas). Por la imposibilidad de establecer comunicación visual con Sigüenza desde Mojares se supone que los artilleros no tienen ninguna posibilidad de centrar los objetivos, por lo que los obuses caen en cualquier zona de la ciudad. Curiosamente la mayoría caerán en el prado de San Pedro. Se trataba de obuses cargados con bolas de plomo, pero de escasa potencia. Los niños solían ir al prado, después del colegio, en busca de las bolas.
El mismo Sánchez Rueda reconoce que «todos los días caían granadas que pasan silbando por encima de nuestra casa y alguna cayó en la plaza delante de nosotros que hizo trizas todos los cristales». Sánchez Rueda no especifica si se producían víctimas, de hecho no hay noticias de que se produjeran, como consecuencia de estos bombardeos, pero asegura que «el cañoneo comenzaba a las seis de la mañana, había que levantarse aprisa y corriendo, bajábamos al jardín donde teníamos el resguardo de los muros de la iglesia de San Roque (Sánchez Rueda vivía en el número 38 de la calle de San Roque). Todos los días, excepto algunos muy contados, hubo bombardeo, más o menos intenso, hasta el día de la liberación de la ciudad».


Martes, 8

Esta mañana los centinelas de una avanzadilla regresan con tres soldados desertores del ejército sublevado con informaciones sorprendentes y que no ayudan a levantar los decaídos ánimos de los milicianos seguntinos. Confirman que la defensa de Atienza era escasa, así como la de Imón, y que las pocas fuerzas que había estuvieron a punto de abandonar el pueblo durante la ofensiva. Tal vez la orden de repliegue en efecto fue una equivocación.
Según sus informes, al parecer están avanzando las líneas y reforzándolas con compañías de requetés y de falangistas. Cunde el temor de que en dos o tres semanas puedan intentar la toma de Sigüenza. Los rumores de un posible asalto circulan pronto por la ciudad y muchos seguntinos empiezan a temer por sus vidas. Los mismos soldados desertores, que salieron con la «Columna Navarra», cuentan de las violentas represiones y depuraciones de los requetés.


Miércoles, 9

A partir de ahora no pasará un solo día sin alarmantes noticias del precario frente que ya rodea la ciudad. Esta vez la alarma viene de Huérmeces. Los sublevados, que ya han tomado esta localidad, intentan hacerse con el control de la vía férrea a la altura de Baides y bloquear el aprovisionamiento de la ciudad por medio del único tren blindado que todavía circula por ella.
Este mismo día se organiza una nueva ofensiva compuesta por milicianos de todas las organizaciones. Una vez más las batallas en los frentes se vuelven confusas y no se mueven sustancialmente las posiciones. La posición de Baides puede ser defendida y la línea del ferrocarril está por el momento a salvo.
Puede que fueran pocos los seguntinos preocupados por el devenir del conflicto que llegaran a enterarse de que se reunía en Londres el «Comité de No Intervención», al efecto de analizar las pruebas presentadas por los representantes de la República sobre la participación efectiva de Alemania, Italia y Portugal, con envío de material de guerra y personal apoyando a los sublevados. Sin embargo, el Gobierno de la República no fue invitado a la reunión, frustrando así su intento de aportar estas pruebas. El Gobierno de la República, desesperado por tal actitud, tendría que esperar hasta el 30 de este mes para presentar sus alegaciones ante la Sociedad de Naciones, con sede en Ginebra, pero sin mejores resultados por la oposición y reticencias del Reino Unido, con importantes intereses comerciales y mineros en la zona ya ocupada por los sublevados.


Jueves, 10

Hoy no disponemos de datos sobre acciones destacadas en el frente. Como era habitual, y aún con la violenta oposición de Feliciano Benito, la Banda Municipal seguirá tocando por la tarde en la Alameda.


Viernes, 11

Este día es probable que los seguntinos que tenían oportunidad de escuchar las noticias del devenir del alzamiento siguieran con interés los acontecimientos de Madrid y en otras localidades cercanas.
En Toledo permanece un grupo de sublevados encerrados en el Alcázar, donde habían tomado a un grupo de rehenes civiles, entre los que había mujeres y niños. Este día la Iglesia hizo quizás una de sus pocas gestiones en favor de la República, al interceder ante el general Moscardó para que liberara a los rehenes, pero los sublevados presentaron ante el mediador el testimonio de una mujer que aseguraba que «todos los sitiados deseaban correr la misma suerte que los sublevados».


Sábado, 12

La presión sobre Sigüenza del ejército sublevado es constante y sus avances, con mucha más preparación militar que los milicianos, son imposibles de repeler. Este día han sido tomadas las localidades de Carabias y Palazuelos.
Tres sacerdotes son arrestados acusados de haber disparado desde sus iglesias contra los milicianos. Las pruebas: han encontrado fusiles y municiones en sus respectivas iglesias. Según Mika Feldman, dos de ellos, los más jóvenes, serían fusilados, pero el más anciano salvó la vida gracias a la intercesión de última hora de un miliciano sobrino suyo. Estas acusaciones, que se repetirán para justificar otras detenciones, no parecían tener demasiado fundamento, ya que los sacerdotes podrían ser aficionados a la caza y tal vez tendrían alguna escopeta en sus domicilios o incluso en las iglesias, pero en ningún caso es probable que las utilizaran contra los milicianos.


Domingo, 13

Mika Feldman describe un suceso difícil de emplazar por falta de precisión del lugar. Habla de «una capillita escondida en un repliegue de la montaña» que un grupo de milicianos y gentes del pueblo querían quemar. Al parecer la iglesia contenía obras de gran valor porque comentaría: «Es una lástima quemarla, porque ahí adentro hay verdaderos tesoros. Cada trozo de esa madera pintada vale una fortuna... Cuando termine la guerra, estoy segura de que la capilla será declarada monumento nacional». No especifica si finalmente ardió o se salvó, ni podemos establecer a qué capilla se refiere.


Lunes, 14

Tras la neutralización del frente en Huérmeces, Sigüenza entra en una tensa calma, sin combates ni sobresaltos. Los dinamiteros de Pozoblanco aprovechan para volar rocas de los cerros de los alrededores para construir defensas y parapetos.


Martes, 15

Las avanzadillas de los sublevados provocan las primeras oleadas de refugiados que vienen a instalarse en Sigüenza. «Centenares de campesinos vienen a refugiarse a Sigüenza. Se traen las mujeres, los niños, los animales y hasta a veces, las herramientas del trabajo». La mayoría, ante la falta de recursos, son alojados en la misma Catedral.


Miércoles, 16

Se producen duros enfrentamientos en torno a la localidad de Huérmeces entre la columna de García Escámez y los milicianos destacados en Baides, que no consiguen retomar la localidad y permanece bajo el control de los sublevados.
Este mismo día Franco y Mola, reunidos en secreto en la Comandancia rebelde de Burgos, discuten la necesidad de crear un mando único entre las diversas facciones del ejército sublevado sin llegar a ningún acuerdo concreto, pero del que Mola tuvo la convicción de que, dadas sus buenas relaciones con los militares nazis, el cargo recaería sobre el general Franco.


Jueves, 17

Las noticias de otros frentes no eran muy favorables para los milicianos que defendían Sigüenza. Este día se anuncia la creación de la «Legión Portuguesa», llamados también los «Viriatos», como parte de la ayuda que el dictador portugués Salazar prestaría al general Franco. Este hecho planteó la cuestión de la no intervención de los países europeos en el conflicto, ya que empezaba a ser más que evidente la participación de una coalición portuguesa-alemana-italiana.
En el frente local, la columna sublevada de requetés que manda el capitán Palacios, con posiciones ya establecidas en Alcolea del Pinar, se acerca a la pequeña localidad de Pelegrina, creando una pinza que amenaza la única salida de la ciudad por la carretera de Madrid, todavía libre y protegida por las milicias de la «Pasionaria» y los dinamiteros de Pozoblanco que intentan con ayuda de la dinamita, fortificar el punto situado en el cruce de la carretera de Madrid con la de Torremocha, cuyas huellas todavía son visibles.
Puede que todos estos hechos fueran el tema de conversación en la Alameda, que como cada jueves, volvió a distraer las preocupaciones de los seguntinos con las populares piezas de baile de la Banda Municipal.


Viernes, 18

La noticia más llamativa de este día en Sigüenza es sin duda la caída de Toledo, lo que supone una nueva amenaza sobre Madrid, además de que la liberación de los sublevados encerrados en el Alcázar es utilizado por la propaganda de Franco como un acto de heroísmo. Días más tarde se producirá en Sigüenza una situación similar, pero con un desenlace muy distinto. También en Toledo, como ocurriría en Sigüenza, las tropas sublevadas, haciendo un total desprecio de los acuerdos de Ginebra sobre el trato a heridos y prisioneros, rematan a los heridos y enfermos que hay en el hospital. La frase «Sin novedad en el Alcázar» se convierte en el lema de la nueva moral patriótica de los sublevados.
El parecido de este asedio con el de la Catedral de Sigüenza es evidente y en parte justificaba la decisión de Feliciano Benito de resistir hasta su posible liberación por parte de los refuerzos que promete Martínez de Aragón, que saldrían hacia Guadalajara dos días antes de la caída. Pero había una gran diferencia que muestra una vez más el talante y el respeto hacia la vida de los civiles de ambos bandos: mientras los civiles del Alcázar fueron utilizados como rehenes –no hay duda sobre este hecho, ya que incluso el padre Vázquez Camarasa, o el embajador de Chile, Aurelio Nuñez Morgado, intercedieron para conseguir su liberación–, en el caso de Sigüenza los civiles se refugiaron para protegerse de los bombardeos, no se les permitió salir, sin duda para que su presión terminase por rendir también a los milicianos, cañoneando la Catedral con ellos dentro.
El general Moscardó, convertido en héroe entre los sublevados por haber mantenido a decenas de rehenes civiles para impedir la toma al asalto del Alcázar, jugó un papel decisivo en la conclusión del asedio a la Catedral, ya que estaba al mando de las tropas que intervinieron en la toma de Sigüenza, comandadas por el coronel Marzo.


Sábado, 19

La caída de Toledo y las nuevas amenazas sobre Madrid por el sudoeste serían sin duda el tema principal de las noticias y de los comentarios. Muchos seguntinos debieron comenzar a considerar que la guerra la podía ganar Franco, por lo que ya no era conveniente contemporizar demasiado con los milicianos, que parecían retroceder de todos los frentes. El problema era que muchas jóvenes seguntinas o procedentes de las pedanías, entre las que había una auténtica «legión» de criadas, prácticamente esclavizadas por sus empleadores, debieron ver en aquellos jóvenes idealistas, o no tanto, las parejas adecuadas para librarlas de su condición, enamorándose de ellos con la esperanza de que, una vez ganada la guerra, podrían conseguir buenos trabajos y tendrían un gran prestigio social. Por desgracia muchas acabarían rapadas al cero y humilladas en público por las calles de Sigüenza, práctica habitual de la postguerra con todas las mujeres que hubieran tenido relaciones probadas con los milicianos.
sospecha que se trata de ¡una extraterrestre!

280 páginas - 11,95 € - Cómpralo en Amazon

No hay comentarios:

Publicar un comentario

MIS LIBROS (CÓMPRALOS EN AMAZON)